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domingo, 17 de agosto de 2014

Testigo


Y ahora esa ciudad es testigo del desmoronamiento.
Ha comprobado que mis fuerzas pueden acabarse incluso si escucho una ambulancia
que las risas y las lágrimas son pasajeras
y que el eco provocado por esta carcasa se intensifica con las marchas
que a veces temo aceptar que no siempre deseo estar sola
y que la compañía también puede convertirse en agobio.
Comprueba con cada hora invertida
que el daño es más grave de lo que creía
y que toda expectativa muere, termina.
Fue testigo de libertad, encuentro y reencuentro,
y ahora, lluviosa y soleada,
plana y tan cercana a las nubes,
me hace ver cansada, vacua y sin forma.
Me arroja, me desafía. Me cuestiona.
Si vuelvo es porque los pies me han suplicado,
porque mi espalda no es la de antes
y porque comprendo que sigue siendo cómodo retornar a la monotonía.

Luz