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domingo, 13 de julio de 2014

Canción



Supimos que el tiempo era imparable 
desde aquel momento.

Yo, a veces extraño esa sonrisa andante 
y las consecutivas intenciones de detenerlo.


Ambos sabíamos que era imposible: lo impedían las circunstancias, el momento, quizá la edad. Tan así fue que poco a poco él se olvidó de mí, o esa es la explicación más lógica que ahora concibo. Todavía hoy me pregunto qué le sucedió.
Hasta nuestro último encuentro no solía recordarle constantemente, y desde entonces se ha convertido en una nube enigmática que no abandona a mi mente. Creo que jamás comprenderé a ciencia cierta la razón.
            Antes de dicho encuentro yo caminaba por alguna plaza de la ciudad. Era un día soleado, llevaba los auriculares puestos y el transcurso me parecía eterno. El calor había alterado mis sentidos, admito, valga la aclaración, que mi estado no era el más lúcido.
Escuchaba no sé qué canción cuando lo vi de espaldas. Sí, estaba segura de que era él: caminaba tan sólo unos metros delante de mí; de verdad, sé que era él. Dejé el paso lento y traté de caminar rápidamente para alcanzarlo y así poder saludarlo. Dije su nombre y lo tomé del brazo en cuanto pude. Volteó hacia mí su cabeza y dijo:
-          ¿Se te ofrece algo?
-          ¿Cómo estás? – le pregunté esbozando una modesta sonrisa.
-          ¿Te conozco?
Mi cara cambió de expresión al escuchar sus palabras; reconocí la confusión en su rostro, era evidente que no me recordaba. Mientras se rascaba la oreja pude haberle dicho mi nombre, recordarle el tiempo que habíamos compartido, decirle qué había sido de mi vida y preguntarle sobre la suya… pero sólo le pedí disculpas y me despedí.
Desconcertada me pregunté si no había sido una equivocación mía, continué mi camino y decidí ir lo más rápido posible sin mirar hacia atrás, pues él se había quedado ahí detenido, como esperando una explicación.
            Cuando llegué a casa sentí que me derretía, miles de sensaciones me atacaron. Después de un baño me recosté en la cama intentando eliminar de mi mente lo ocurrido, pensando que tal vez aquel chico no era realmente él. Luego comencé a soñar despierta o a dormitar, que a veces es lo mismo.
            Los recuerdos llegaron fragmentados, como pequeños flechazos difusos
Tenemos 16 años. Yo estoy recostada en el pasto y escucho una canción en unos discman, tengo un auricular y comparto el otro con alguien más. La canción es extraña, casi triste, aunque no descifro cuál es. Mis manos descansan en mi estómago y tengo los ojos cerrados. Sin duda mi acompañante es él, no podría ser alguien más; la imagen es borrosa pero sé que es él…
       - ¿No has pensado que esta canción podría definir perfectamente nuestra vida? – abro los ojos en cuanto él habla.
      - ¿Definir nuestra vida? – contesto –  ¿por qué lo dices? Nuestras vidas no son así de trágicas.
     -  Pues… quizá algún día lo comprendas. Yo creo que nuestra vida está determinada por esta canción…

Regresé de la ensoñación gracias al ruido de las ventanas golpeándose a causa del viento que marzo volvía cada vez más violento; me levanté ý decidí recoger algunos papeles que habían caído al suelo. ¿Qué canción era esa?, me pregunté varias veces. Los acordes sonaban en mi cabeza pero no podía recordarla, la he olvidado, así como él a mí. Entonces, por inercia, comencé a buscar en el armario mis discos viejos, dispuesta a encontrar la canción.
En una arrinconada caja de cartón encontré aquellos viejos discman, estaban empolvados y tenían un disco dentro. Dudaba que pudieran funcionar pero aun así lo intenté.
Y resultó, la melodía de aquella canción comenzó a sonar y yo seguía sin recordar cuál era. Él siempre decía cosas que me hacían pensar demasiado, siempre tenía algo que decir: quizá algún día lo comprendas. Yo creo que nuestra vida está determinada por esta canción…
Me senté en el suelo, recargué mi espalda en la pared y permanecí escuchándola por un largo rato, una y otra vez hasta quedarme dormida. Desperté a media noche y los discman habían dejado de funcionar, la canción ya había penetrado en mi cabeza.

Luz