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miércoles, 3 de septiembre de 2014

Mar

Frente a este mar que se deshace 
entre lluvia y relámpagos
lo miro alejarse.

Sumergido por las olas

se desmorona
se diluye
se vuelve agua.

Mientras mis pies

descalzos se entierran
en la arena.



Luz

domingo, 17 de agosto de 2014

Testigo


Y ahora esa ciudad es testigo del desmoronamiento.
Ha comprobado que mis fuerzas pueden acabarse incluso si escucho una ambulancia
que las risas y las lágrimas son pasajeras
y que el eco provocado por esta carcasa se intensifica con las marchas
que a veces temo aceptar que no siempre deseo estar sola
y que la compañía también puede convertirse en agobio.
Comprueba con cada hora invertida
que el daño es más grave de lo que creía
y que toda expectativa muere, termina.
Fue testigo de libertad, encuentro y reencuentro,
y ahora, lluviosa y soleada,
plana y tan cercana a las nubes,
me hace ver cansada, vacua y sin forma.
Me arroja, me desafía. Me cuestiona.
Si vuelvo es porque los pies me han suplicado,
porque mi espalda no es la de antes
y porque comprendo que sigue siendo cómodo retornar a la monotonía.

Luz

domingo, 13 de julio de 2014

Canción



Supimos que el tiempo era imparable 
desde aquel momento.

Yo, a veces extraño esa sonrisa andante 
y las consecutivas intenciones de detenerlo.


Ambos sabíamos que era imposible: lo impedían las circunstancias, el momento, quizá la edad. Tan así fue que poco a poco él se olvidó de mí, o esa es la explicación más lógica que ahora concibo. Todavía hoy me pregunto qué le sucedió.
Hasta nuestro último encuentro no solía recordarle constantemente, y desde entonces se ha convertido en una nube enigmática que no abandona a mi mente. Creo que jamás comprenderé a ciencia cierta la razón.
            Antes de dicho encuentro yo caminaba por alguna plaza de la ciudad. Era un día soleado, llevaba los auriculares puestos y el transcurso me parecía eterno. El calor había alterado mis sentidos, admito, valga la aclaración, que mi estado no era el más lúcido.
Escuchaba no sé qué canción cuando lo vi de espaldas. Sí, estaba segura de que era él: caminaba tan sólo unos metros delante de mí; de verdad, sé que era él. Dejé el paso lento y traté de caminar rápidamente para alcanzarlo y así poder saludarlo. Dije su nombre y lo tomé del brazo en cuanto pude. Volteó hacia mí su cabeza y dijo:
-          ¿Se te ofrece algo?
-          ¿Cómo estás? – le pregunté esbozando una modesta sonrisa.
-          ¿Te conozco?
Mi cara cambió de expresión al escuchar sus palabras; reconocí la confusión en su rostro, era evidente que no me recordaba. Mientras se rascaba la oreja pude haberle dicho mi nombre, recordarle el tiempo que habíamos compartido, decirle qué había sido de mi vida y preguntarle sobre la suya… pero sólo le pedí disculpas y me despedí.
Desconcertada me pregunté si no había sido una equivocación mía, continué mi camino y decidí ir lo más rápido posible sin mirar hacia atrás, pues él se había quedado ahí detenido, como esperando una explicación.
            Cuando llegué a casa sentí que me derretía, miles de sensaciones me atacaron. Después de un baño me recosté en la cama intentando eliminar de mi mente lo ocurrido, pensando que tal vez aquel chico no era realmente él. Luego comencé a soñar despierta o a dormitar, que a veces es lo mismo.
            Los recuerdos llegaron fragmentados, como pequeños flechazos difusos
Tenemos 16 años. Yo estoy recostada en el pasto y escucho una canción en unos discman, tengo un auricular y comparto el otro con alguien más. La canción es extraña, casi triste, aunque no descifro cuál es. Mis manos descansan en mi estómago y tengo los ojos cerrados. Sin duda mi acompañante es él, no podría ser alguien más; la imagen es borrosa pero sé que es él…
       - ¿No has pensado que esta canción podría definir perfectamente nuestra vida? – abro los ojos en cuanto él habla.
      - ¿Definir nuestra vida? – contesto –  ¿por qué lo dices? Nuestras vidas no son así de trágicas.
     -  Pues… quizá algún día lo comprendas. Yo creo que nuestra vida está determinada por esta canción…

Regresé de la ensoñación gracias al ruido de las ventanas golpeándose a causa del viento que marzo volvía cada vez más violento; me levanté ý decidí recoger algunos papeles que habían caído al suelo. ¿Qué canción era esa?, me pregunté varias veces. Los acordes sonaban en mi cabeza pero no podía recordarla, la he olvidado, así como él a mí. Entonces, por inercia, comencé a buscar en el armario mis discos viejos, dispuesta a encontrar la canción.
En una arrinconada caja de cartón encontré aquellos viejos discman, estaban empolvados y tenían un disco dentro. Dudaba que pudieran funcionar pero aun así lo intenté.
Y resultó, la melodía de aquella canción comenzó a sonar y yo seguía sin recordar cuál era. Él siempre decía cosas que me hacían pensar demasiado, siempre tenía algo que decir: quizá algún día lo comprendas. Yo creo que nuestra vida está determinada por esta canción…
Me senté en el suelo, recargué mi espalda en la pared y permanecí escuchándola por un largo rato, una y otra vez hasta quedarme dormida. Desperté a media noche y los discman habían dejado de funcionar, la canción ya había penetrado en mi cabeza.

Luz

martes, 29 de abril de 2014

Estirpe


Sigo siendo la niña que intenta comprender los problemas familiares
que intenta desmenuzar un momento para encontrar el lado chistoso.
Sigo pensando que puedo conocerlos a todos
que de pronto uno de ellos dirá que sólo era un juego:
No lo es.

Aprendo que aprendemos a ser distintos
a seguir un camino individual que jamás se desliga por completo.
Los problemas tampoco.

La habitación cerrada entre comillas comienza a hacerse grande
o pequeña, que es lo mismo.
él dice “la casa es la casa” y tiene razón
pero me parece que tiendo a verlo como condena.

¿Me seguirá el silencio, el callado mirar hacia abajo presa del olvido verbal?

Luz



viernes, 28 de febrero de 2014

Letanías

Eres mirada que se esquiva a sí misma
Soy cabeza de agua fría
Has andado el trayecto y sigues con vida
Yo camino con las rodillas
y ellas sangran
dicen que no hay palabra que ignores
ni opinión que tu juicio salve del pre-juicio.
Me he quedado sin palabras
¿sabes?
He tragado mi propia lengua por miedo al cortador
me he quedado sin una más que el adjetivo
y eso dicen que no es BUENO
Adjetivo adjetivo adjetivo
¿puedes sentir la frialdad del abrazo?
Yo también descubrí unos cuantos monstruos en mí
Habitan en mi mente y se retuercen cuando topan con la culpa
el remordimiento los hace explotar
Yo no creo que sea justo
y tampoco lo es que intenten desaparecerme el YO
(Yo subjetivo adjetivado que se califica a sí mismo)
Digo que debe terminar
Que mi lenguaje es coloquial
(Coloco colocando la colocada frase y su colocación es una cita bien colocada)
Digo que te pares y huyas del infierno
Digo que corras y no sepas más de mí
Porque lo hermético ha cambiado de estado
y los demonios andan sueltos
Yo, en mi libre albedrío, juro que
no conozco ni una parte de mi 
ser.


¿Luz?


miércoles, 15 de enero de 2014

XIII


No sé si fue por algo estético
o por salvaguardar esos instantes
de soledad y libertad
que sin haber tenido extrañaba.
No sé si fue por el temor
que causa lo que es nuevo
o por poner ante mí lo complejo
como algo simple.
No sé, de verdad no sé,
si fueron las caminatas
bajo un cielo más cercano
o la nostalgia acogedora
de esas cuatro paredes.
No sé si fueron las luces nocturnas,
las lluvias o el frío,
encuentro reencuentro:
pérdida y descubrimiento.
Ahora me he perdido
y extrañamente no es distinto.
Ahora estoy más lejos, incluso,
que cuando lo estaba.

Luz