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jueves, 31 de marzo de 2016

Que la urbe nos consuma

Lo juro.
Por momentos he deseado que la ciudad fuera más grande.
Más extensa.
Más poblada.
Más gris.
Más llena de personas cuyas caras se perdieran
sin que pudiera yo reconocerlas.
Que las masas aumentaran
y se volvieran impersonales.
Que nadie pudiera reconocer mi rostro,
ni en la acera, ni en el súper, ni en el transporte público.
En ningún lugar.
Que no sintiera yo que me persiguen las miradas.
Que no sintiera yo dos pupilas que inadvertidas me reconocen.
Que no viera yo en cada cara el asecho de un corazón lastimado.
Que no sintiera sobre mí el peso de haber tomado algo que no me pertenece
(aunque jamás será mío y no puede ser de nadie).
Que no creyera yo saber el nombre de cada persona que pasa a mi lado.

Que no fuera este pueblo un infierno 
de rostros demacrados. 

viernes, 25 de marzo de 2016

Notas de un verano interminable


¿De quién es la culpa?

De nadie es la culpa. Tal vez sólo mía. O quizá no.

Pienso en la fortuna de otros y en la desgracia de muchos. Luego me detengo, porque no sé realmente a qué grupo pertenezco. Hasta cierto punto, no pertenezco a ninguno.

Sabemos que todo viene desde hace siglos, que todo es, como a los teóricos les encanta afirmar, una construcción, una mera y… (no, no podemos decir que simple) y acordad construcción. Preceptos hasta “cómo caminar”, roles, estereotipos, papeles, ideales, y sí, etcétera etcétera.

Si es tan fácil darse cuenta de que todo lo que nos da forma como sociedad, de que todo lo que “nos forma” es tal construcción, ¿por qué no es sencillo derribarla, destruirla, exterminarla?... y el eterno anhelo de acabar con todo ello permanece a pesar de su imposibilidad.

¿De quién es la culpa?, es obvio que este mundo no es ni fue así por naturaleza. Y claro… también es obvio que no basta con rebelarse a todo, con cuestionarlo. No basta con alzar la voz, ni siquiera con estar conscientes de la mierda en la que a diario nos desenvolvemos. No basta, ni siquiera alcanza a ser la respuesta. No basta nada, ni fingir, ni ignorar, ni pretender que todo es bello.


Alguien, ¿algunos?, estuvo detrás de esto. ¿De quién es la culpa?, ¿quién tomó las decisiones, ¿quién asignó los papeles? ¡Quién, maldita sea!, ¿quién se cedió a sí mismo el poder de domarlo todo?