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lunes, 30 de julio de 2012

Soñé



Esta noche soñé con tus brazos
y el tibio calor de tu pecho.
Soñé que mis manos tocaban tu rostro
y que tus ojos me veían como antes:
esa tierna mirada que bastaba
para comprender tu silencio.

Esta noche soñé que volvías
tú, y no era yo quien hablaba.
Tu dedo índice en los labios
me rogaba silencio,
nos invadía un natural abrazo
permitiendo el reconocimiento.

Soñé, entre otras cosas,
que todo volvía a su lugar
- lo que se supone, es su lugar.
La vida real era una pesadilla
y yo elegía estar dormida.

Estar dormida y soñarte
de tal manera
que no me pesara más:
mirarte.


Luz

sábado, 21 de julio de 2012

Este tiempo…



Este tiempo me pesa,
las horas se derraman lentamente.

Minuto a minuto
el día se hace eterno…
y día a día:
más insoportable.

Este tiempo que me odia,
me retuerce y me obliga a no evitarlo;
este tiempo que se aferra
a no soltarme.

El que podría recorrer a prisa
pero que me exige siempre
detenerme, en cada segundo:
insoportablemente lento.


Luz

miércoles, 18 de julio de 2012

II


Me quedé dormida por largo rato.
Desperté en medio de una tarde soleada, la luz se filtraba por mi ventana de una manera casi insoportable. De inmediato vino a mí el recuerdo de un sueño, el sueño que recientemente había llegado a su fin.
Era extraño, pero tenía la sensación de que el sueño era, precisamente, despertar en una tarde soleada con una luz que casi me impedía abrir por completo los ojos. Lo otro, sólo debía ser mi realidad.
La costumbre de hacer las mismas cosas todos los días me había llevado a pensar que el momento presente no era más que uno de esos sueños incómodos en los que lo único que deseas es despertar. Pero la verdad era que un ciclo terminaba y, como siempre, yo no encontraba la manera de llegar al final.
Despertar era la pesadilla y el sueño me reconfortaba al creer que todo seguía en el ligero aire de la normalidad.
Era un ciclo, en efecto, y yo sentía que sólo daba vueltas en un círculo o, mejor dicho, en una esfera… en una burbuja, pero ni siquiera tenía claro si quería o no seguir ahí.
“La tarde era bonita, después de todo”, pero esa burbuja no me dejaba salir…

Luz


jueves, 5 de julio de 2012

I



Una cucaracha caminó rápidamente por la acera cuando me acerqué a la puerta, recorrí el cerrojo y entré. El departamento estaba frío, como siempre; era el mes de mayo. Un par de platos y vasos descansaban en la mesa desde la hora del almuerzo, había demasiado silencio. Me dirigí a la puerta contigua a mi habitación, toqué dos o tres veces a manera de aviso y entré.
     Mario estaba sentado en su cama con los codos en las rodillas, era evidente que acababa de despertar. Me senté a su lado y le conté lo que había sucedido. Sin saber qué hacer, me abrazó, trató de decir algunas palabras de aliento pero su peculiar personalidad fría se lo impidió; así que sólo me abrazó fuerte, mientras en mí ya era imposible contener el llanto.
     Después de unos minutos, me separé de él y le di las gracias con un beso en la mejilla. Un beso que no era más que eso, un beso, un beso de agradecimiento. Me puse de pie. Caminé hacia la entrada de la habitación y cuando estaba frente a la puerta volteé.

           -  Deberías sacar tu guitarra, creo que debemos volver a tocar - le dije.

Me miró extrañado y esbozó una simple sonrisa, como de compasión, mientras yo daba media vuelta para ir a mi habitación.

Luz

lunes, 2 de julio de 2012

Este México triste


Este México triste *

Y en punto de las doce de la noche, sonaba en la radio el Himno Nacional de los Estados Unidos Mexicanos, después de anunciar el supuesto triunfo – en las elecciones nacionales – del  partido que durante setenta años mantuvo a México por los suelos, o por debajo. Y en la tele se veía cómo la cara sonriente del candidato inspiraba alegría a la multitud simpatizante. Y la gente lo alababa, y le gritaba “¡Presidente, presidente!”… ingenua, casi estúpidamente. Y las partes contrarias permanecían tranquilas ante un “ganador”, ya asignado desde el inicio de la campaña.
Y ese himno, como todos los días a la media noche, sonaba en la radio,  pero ahora distinto. Tristemente sonaba, sonaba…
Y se dijo que la gente coreaba el tradicional “Cielito lindo”, una burla, una vil blasfemia para el pueblo mexicano, el que mantiene la economía, el que sigue trabajando y al que esta “democracia” no beneficia nunca. Y los hubo emocionados: “¡Ganamos, sí se pudo, Enrique Peña Nieto presidente!”; mientras nuestro cansado México sollozaba, mientras solloza.
El himno, ese símbolo patrio tan “añorado y apreciado” por los mexicanos esta vez sonaba apagado, irónicamente, ante el ridículo espectáculo ideado por los medios televisivos, ante todas esas hipócritas caras sonrientes.
Se dice que los mexicanos somos muy “patrióticos”, pero ¿lo somos en verdad? Porque si es así habría que revisar qué entendemos por patriotismo; en México hasta la definición de bienestar está deteriorada. Me parece estúpido decir que amamos nuestro país y permitir que sea gobernado por alguien tan incapaz – por un títere solamente –, y me parece más estúpido decirlo y que muchos ignoren – o finjan ignorar – el más que evidente fraude electoral.
Y que estas elecciones habían sido las peores de la historia, decían: sí, tal vez, pero había un candidato en el cual algunos depositábamos nuestra confianza. Candidato al que los medios de comunicación masiva han estado atacando desde siempre, quien adquirió una pésima reputación ante gran parte de la población gracias a ello. Cierto es que el fraude electoral, como sucedió también seis años antes, fue en su contra. Los mexicanos que teníamos esperanzas para el sexenio que comienza, terminamos decepcionados. Daba vergüenza mostrar nuestros pulgares marcados con tinta indeleble: “no lo logramos, perdimos… otra vez hubo mano negra”.
Es triste ver volver a la dictadura de los setenta años, parece que nuestra nación no tiene memoria. La dictadura que provocó las peores crisis en la historia del país, una devaluación realmente aberrante en la moneda nacional. La dictadura asesina, ladrona, corrupta y estúpida que dejó en ruina a miles – millones – de mexicanos. Encabezada, claro, por el peor presidente de nuestra historia, detrás del monigote “triunfador”.
Es triste ver como los ciudadanos prefirieron apoyar al candidato que según los estándares sociales es el más simpático; es triste ser testigo de que dichos votos fueron comprados a precios hasta humillantes. Es peor saber que hay fraude: que probablemente (que seguramente…) el resultado fue alterado. Es triste ver que en nuestro país ni las revoluciones terminan con la corrupción.
Mejor que nos lo digan abiertamente, que nos impongan su dictadura, que eliminen la democracia, que nos hablen con la verdad, que nos digan que el que llegue al mando será seleccionado por unos pocos, que dejen de burlarse y de gastar dinero en campañas políticas, que nos eviten ir a la casilla…
O, ¿de algo sirve nuestro voto?

Luz



*Título inspirado en el libro y poema de Juan Bautista Villaseca: Este México triste.