Yo odiaba ver a Jesús con la corona de espinas y mi
madre lo sabía; ver la sangre en su rostro siempre me causó pavor… Mis padres
siempre me dijeron que sólo se trataba de una representación, que servía para
que viéramos el daño que le habíamos causado y el amor que él nos tenía; yo
terminé rogándole que en mi habitación no hubiera imágenes referentes a la
iglesia, siempre sentía sus miradas sobre mí y una enorme culpa que no
comprendía. Me causaban miedo, y ese miedo se convertía en arrepentimiento. Si
iba a hacer alguna travesura, procuraba hacerla fuera de su vista…
Fragmento de algún ensayo que entregué para alguna clase.

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