El
verano de 2010 no lo recuerdo con exactitud. Recuerdo la noticia de mi admisión
en la Universidad y el curso que precedió al ingreso. Recuerdo únicamente la
desgana y la desorientación con las que entré: no saber exactamente dónde me
encontraba ni a dónde podría, o no, llegar.
El
verano de 2012 leí veinte libros, récord personal que no he logrado superar. Vuelvo
mi mente hacia aquellos días y recuerdo el particular estado en el que me
encontraba. Culminaba una etapa de mi vida y por fin entendía la razón por la
que me ocurrían tantas cosas que antes habían parecido injustas. Entraba en un
estado de tranquilidad y la literatura era el único medio para lograr dicho
objetivo por completo.
El
verano de 2013 no leí tantos libros. No obstante, vislumbré lo que se
convertiría en mi plan académico a corto plazo. Me arrojé a una aventura y
descubrí entre otras cosas lo que es enfrentarse al mundo en soledad, aspecto
que me hizo titubear en un principio pero que luego disfruté como nunca. Conocí
una ciudad que me enamoró y di inicio a una relación que no tenía ni pies ni
cabeza pero que idealicé de más como siempre y me dañó como nunca. Pero, debo
decir: en ese momento no había tiempo para pensarla de manera negativa; en ese
momento, sin dejar de lado dificultades e inconvenientes, parecía dirigirse favorablemente.
El
verano de 2015 aún no llega. Será mi primer verano como pasante de
licenciatura. Para él y para su porvenir he pensado en mí y en mi bien, en mis
prioridades y en mis planes próximos. No sólo en los míos, aclaro, pues me
fascina que puedan complementarse con los de otro ser. (El otro ser, que por
distinto encaja y a ratos desencaja con el mío pero que sin duda quiero a mi
lado para andar el nuevo camino. O para continuarlo después de una pausa de 6
años). Cuesta trabajo en muchos sentidos y aunque el panorama del futuro
aparece atrayente, depende de sacrificios, mismos que estoy dispuesta a aceptar
pero que me introducen en la nostalgia todo el tiempo. No, no es fácil. Y parece
que de lleno entro en la edad adulta. No madura si me someten a evaluaciones
estrictas, pero sí a la edad que puede pertenecerme por completo, sí a la edad
que puedo explotar de todos los modos posibles, sí a la edad en que puedo
obtener más logros y compartirlos.

