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sábado, 24 de octubre de 2015

He querido escribir

He querido escribir el día de hoy, como una necesidad que hace tiempo había ignorado, como una de esas salidas a las que uno recurre cuando ya no hay otro medio. He querido escribir porque en ello encuentro lo que en otros busco, porque sé que buscarlo es un error, nadie llenará esos huecos que uno mismo fue cavando.

martes, 28 de julio de 2015

Tu ser de nuevo en mi ser

Aroma rítmico: el movimiento de tu cuerpo sobre el mío
Tacto que hipnotiza: tus dedos en mi entrepierna
Mirada viajante: el goce instantáneo al que somos adictos

(el placer de mirarte mientras la muerte se vuelve insignificante)

Silenciosas voces que se unen para reír y soltar breves palabras que no hacen falta

Y el sabor de tu persona, de tu cuerpo, 
de tu boca: sabor a complicidad que se torna en sonrisas.

Luz

sábado, 6 de junio de 2015

Mis veranos por la universidad

El verano de 2010 no lo recuerdo con exactitud. Recuerdo la noticia de mi admisión en la Universidad y el curso que precedió al ingreso. Recuerdo únicamente la desgana y la desorientación con las que entré: no saber exactamente dónde me encontraba ni a dónde podría, o no, llegar.

El verano de 2011 recibí una noticia que me entusiasmó: algo que para muchos no vale la pena, algo que quizá desencajaría con el perfil intelectual al que entonces aspiraba y del que ahora prefiero mantenerme al margen. Un sueño de niña, si así lo quieren ver. Un deseo producto del capitalismo, si prefieren trasladarlo a ideologías, y del fanatismo, si nos vamos más lejos. Un rasgo de la “gente común”, como dirían algunos que porque leen se sienten superiores, superhéroes, superhombres, súper… sí, una pendejada para cualquiera que no comprenda el trasfondo que personalmente edifiqué ante ello: los creadores del soundtrack de mi vida volverían a México en noviembre y yo los vería por primera vez. Así pasé el verano, así se amenizaron mis días. Fuera de la incertidumbre que me invadía a diario con respecto a “qué quería para mi futuro”, ese hecho tan efímero mantuvo mi orden, incluso mi disciplina.

El verano de 2012 leí veinte libros, récord personal que no he logrado superar. Vuelvo mi mente hacia aquellos días y recuerdo el particular estado en el que me encontraba. Culminaba una etapa de mi vida y por fin entendía la razón por la que me ocurrían tantas cosas que antes habían parecido injustas. Entraba en un estado de tranquilidad y la literatura era el único medio para lograr dicho objetivo por completo.

El verano de 2013 no leí tantos libros. No obstante, vislumbré lo que se convertiría en mi plan académico a corto plazo. Me arrojé a una aventura y descubrí entre otras cosas lo que es enfrentarse al mundo en soledad, aspecto que me hizo titubear en un principio pero que luego disfruté como nunca. Conocí una ciudad que me enamoró y di inicio a una relación que no tenía ni pies ni cabeza pero que idealicé de más como siempre y me dañó como nunca. Pero, debo decir: en ese momento no había tiempo para pensarla de manera negativa; en ese momento, sin dejar de lado dificultades e inconvenientes, parecía dirigirse favorablemente.




El verano del 2014 tomé una de las peores decisiones de mi vida. Y lo que le dio dicho adjetivo fue decidir pensando no en mí sino en alguien más: darle el poder a otra persona sin que lo pidiera. No ordené mis prioridades porque ni siquiera me contaba a mí misma en ellas. Salvo algunos detalles, ha sido el verano más depresivo de mi vida. Mi cabeza comenzó a pensar de más y se convenció al mismo tiempo de que estaba mal y de que no. Meses después comprobé que aunque realmente necesitaba ayuda, tenía razón en muchas de mis conjeturas. La peor caída, de la cual creo haberme recuperado a pesar de los estragos: polvo que se quedó bajo mi cama.


El verano de 2015 aún no llega. Será mi primer verano como pasante de licenciatura. Para él y para su porvenir he pensado en mí y en mi bien, en mis prioridades y en mis planes próximos. No sólo en los míos, aclaro, pues me fascina que puedan complementarse con los de otro ser. (El otro ser, que por distinto encaja y a ratos desencaja con el mío pero que sin duda quiero a mi lado para andar el nuevo camino. O para continuarlo después de una pausa de 6 años). Cuesta trabajo en muchos sentidos y aunque el panorama del futuro aparece atrayente, depende de sacrificios, mismos que estoy dispuesta a aceptar pero que me introducen en la nostalgia todo el tiempo. No, no es fácil. Y parece que de lleno entro en la edad adulta. No madura si me someten a evaluaciones estrictas, pero sí a la edad que puede pertenecerme por completo, sí a la edad que puedo explotar de todos los modos posibles, sí a la edad en que puedo obtener más logros y compartirlos. 

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Mar

Frente a este mar que se deshace 
entre lluvia y relámpagos
lo miro alejarse.

Sumergido por las olas

se desmorona
se diluye
se vuelve agua.

Mientras mis pies

descalzos se entierran
en la arena.



Luz

domingo, 13 de julio de 2014

Canción



Supimos que el tiempo era imparable 
desde aquel momento.

Yo, a veces extraño esa sonrisa andante 
y las consecutivas intenciones de detenerlo.


Ambos sabíamos que era imposible: lo impedían las circunstancias, el momento, quizá la edad. Tan así fue que poco a poco él se olvidó de mí, o esa es la explicación más lógica que ahora concibo. Todavía hoy me pregunto qué le sucedió.
Hasta nuestro último encuentro no solía recordarle constantemente, y desde entonces se ha convertido en una nube enigmática que no abandona a mi mente. Creo que jamás comprenderé a ciencia cierta la razón.
            Antes de dicho encuentro yo caminaba por alguna plaza de la ciudad. Era un día soleado, llevaba los auriculares puestos y el transcurso me parecía eterno. El calor había alterado mis sentidos, admito, valga la aclaración, que mi estado no era el más lúcido.
Escuchaba no sé qué canción cuando lo vi de espaldas. Sí, estaba segura de que era él: caminaba tan sólo unos metros delante de mí; de verdad, sé que era él. Dejé el paso lento y traté de caminar rápidamente para alcanzarlo y así poder saludarlo. Dije su nombre y lo tomé del brazo en cuanto pude. Volteó hacia mí su cabeza y dijo:
-          ¿Se te ofrece algo?
-          ¿Cómo estás? – le pregunté esbozando una modesta sonrisa.
-          ¿Te conozco?
Mi cara cambió de expresión al escuchar sus palabras; reconocí la confusión en su rostro, era evidente que no me recordaba. Mientras se rascaba la oreja pude haberle dicho mi nombre, recordarle el tiempo que habíamos compartido, decirle qué había sido de mi vida y preguntarle sobre la suya… pero sólo le pedí disculpas y me despedí.
Desconcertada me pregunté si no había sido una equivocación mía, continué mi camino y decidí ir lo más rápido posible sin mirar hacia atrás, pues él se había quedado ahí detenido, como esperando una explicación.
            Cuando llegué a casa sentí que me derretía, miles de sensaciones me atacaron. Después de un baño me recosté en la cama intentando eliminar de mi mente lo ocurrido, pensando que tal vez aquel chico no era realmente él. Luego comencé a soñar despierta o a dormitar, que a veces es lo mismo.
            Los recuerdos llegaron fragmentados, como pequeños flechazos difusos
Tenemos 16 años. Yo estoy recostada en el pasto y escucho una canción en unos discman, tengo un auricular y comparto el otro con alguien más. La canción es extraña, casi triste, aunque no descifro cuál es. Mis manos descansan en mi estómago y tengo los ojos cerrados. Sin duda mi acompañante es él, no podría ser alguien más; la imagen es borrosa pero sé que es él…
       - ¿No has pensado que esta canción podría definir perfectamente nuestra vida? – abro los ojos en cuanto él habla.
      - ¿Definir nuestra vida? – contesto –  ¿por qué lo dices? Nuestras vidas no son así de trágicas.
     -  Pues… quizá algún día lo comprendas. Yo creo que nuestra vida está determinada por esta canción…

Regresé de la ensoñación gracias al ruido de las ventanas golpeándose a causa del viento que marzo volvía cada vez más violento; me levanté ý decidí recoger algunos papeles que habían caído al suelo. ¿Qué canción era esa?, me pregunté varias veces. Los acordes sonaban en mi cabeza pero no podía recordarla, la he olvidado, así como él a mí. Entonces, por inercia, comencé a buscar en el armario mis discos viejos, dispuesta a encontrar la canción.
En una arrinconada caja de cartón encontré aquellos viejos discman, estaban empolvados y tenían un disco dentro. Dudaba que pudieran funcionar pero aun así lo intenté.
Y resultó, la melodía de aquella canción comenzó a sonar y yo seguía sin recordar cuál era. Él siempre decía cosas que me hacían pensar demasiado, siempre tenía algo que decir: quizá algún día lo comprendas. Yo creo que nuestra vida está determinada por esta canción…
Me senté en el suelo, recargué mi espalda en la pared y permanecí escuchándola por un largo rato, una y otra vez hasta quedarme dormida. Desperté a media noche y los discman habían dejado de funcionar, la canción ya había penetrado en mi cabeza.

Luz

martes, 29 de abril de 2014

Estirpe


Sigo siendo la niña que intenta comprender los problemas familiares
que intenta desmenuzar un momento para encontrar el lado chistoso.
Sigo pensando que puedo conocerlos a todos
que de pronto uno de ellos dirá que sólo era un juego:
No lo es.

Aprendo que aprendemos a ser distintos
a seguir un camino individual que jamás se desliga por completo.
Los problemas tampoco.

La habitación cerrada entre comillas comienza a hacerse grande
o pequeña, que es lo mismo.
él dice “la casa es la casa” y tiene razón
pero me parece que tiendo a verlo como condena.

¿Me seguirá el silencio, el callado mirar hacia abajo presa del olvido verbal?

Luz



viernes, 28 de febrero de 2014

Letanías

Eres mirada que se esquiva a sí misma
Soy cabeza de agua fría
Has andado el trayecto y sigues con vida
Yo camino con las rodillas
y ellas sangran
dicen que no hay palabra que ignores
ni opinión que tu juicio salve del pre-juicio.
Me he quedado sin palabras
¿sabes?
He tragado mi propia lengua por miedo al cortador
me he quedado sin una más que el adjetivo
y eso dicen que no es BUENO
Adjetivo adjetivo adjetivo
¿puedes sentir la frialdad del abrazo?
Yo también descubrí unos cuantos monstruos en mí
Habitan en mi mente y se retuercen cuando topan con la culpa
el remordimiento los hace explotar
Yo no creo que sea justo
y tampoco lo es que intenten desaparecerme el YO
(Yo subjetivo adjetivado que se califica a sí mismo)
Digo que debe terminar
Que mi lenguaje es coloquial
(Coloco colocando la colocada frase y su colocación es una cita bien colocada)
Digo que te pares y huyas del infierno
Digo que corras y no sepas más de mí
Porque lo hermético ha cambiado de estado
y los demonios andan sueltos
Yo, en mi libre albedrío, juro que
no conozco ni una parte de mi 
ser.


¿Luz?