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martes, 20 de diciembre de 2011

Visita al médico


Mi madre insistió tanto en que fuera al médico a hacerme un estudio para saber que tenía, que no tuve de otra y fui un viernes por la mañana. Traté de llegar a una hora razonable para no esperar tanto porque no había sacado cita, pero la recepcionista me dijo que había espacio para mí hasta el medio día. Pensé irme y volver otro día, pero la voz de mi madre <¡no fuiste! ¿Qué no te preocupan ni tantito esos mareos que estás sintiendo?> se adelantó en mi cabeza y preferí evitar un escándalo. Después pensé salir y volver más tarde, pero afuera hacía tanto calor que preferí tomar asiento y disfrutar el aire acondicionado del consultorio. Por fortuna llevaba conmigo un libro, lo saqué y comencé a leer:

Barrett era el rey sin corona de la Estación Hawks­bill. Nadie se lo discutía. Él era quien más tiempo llevaba allí, quien más había sufrido, quien tenía más fortaleza interior. Antes del accidente habría po­dido dar una paliza a cualquier hombre del lugar. Ahora, claro, era un lisiado, pero aún conservaba ese halo de poder que le daba autoridad. Cuando había problemas en la Estación, se los llevaban a Barrett y él los resolvía. Eso se daba por sentado. Él era el rey.  Además…

Me distrajo el llanto de un bebé; me sentí incómoda de inmediato y deseé mas que otra cosa, salir de ahí. Su llanto era tan agudo que había logrado provocarme haqueca. No lo pensé mas, decidí salir un momento y relajarme un poco. Afuera, encontré un espacio en el pasto con sombra y me senté, me dispuse a leer nuevamente:

Además, vaya reino el que gobernaba. En reali­dad era el mundo entero, de polo a polo y de meridiano a meridiano, toda la bendita Tierra. Por lo que valiera. No valía mucho. Ahora llovía de nuevo.

Como si se empeñaran en interrumpir mi lectura, un grupo considerable de personas pasó marchando frente a mi; se manifestaban contra la presidencia en curso, que había inventado otro impuesto. Sus voces me aturdieron tanto que decidí cerrar mi libro y tratar de relajarme un rato cuando se alejaran.
Una niña, de unos 10 años, se acercó y se sentó junto a mí. Me mostré indiferente y cerré mis ojos, después de cinco minutos los abrí y ella  se encontraba ahora sentada frente a mí. Me espanté por un momento, ella dejó salir una risita. Una vez que la vi detenidamente, me recordó a mí misma cuando era niña. No se parecía fisicamente, por supuesto, en lo más mínimo a mí, pero algo en su mirada me indetificó con ella.

- Hola – dijo con aire agradable – ¿cómo estás?
- Bien, gracias – respondí algo extrañada.
Noté que tenía una herida reciente en la frente:
- ¡Ah! Si supieras – dijo como adivinando lo que yo estaba pensando – fue algo doloroso, pero yo tuve la culpa.
- ¿Qué te pasó? – pregunté finalmente, resignada a que no leería.
- Mi mamá salió de casa y me quedé sola con mi hermana, ella me gana con doce años y parece que no le caigo muy bien… yo estaba jugando con unas fichas y ella me pidió que fuera a comprarle un  esmalte de uñas, le dije que me esperara; se enojó, es que es muy corajuda, tanto que me jaló del cabello y me tumbó al suelo, yo le dí una patada en los tobillos, entonces ella me arrastró por gran parte de la casa, así – dijo agarrandose el cabello con las dos manos – tirando de mi cabello. Esta herida – dijo señalándosela con el dedo – la tengo por el primer golpe; cuando llegó mi madre,  le dijo que me había caído de las escaleras.

No supe si creerle, lo había narrado tan fácilmente que me pareció que estaba mintiendo.

- Me tengo que ir, el doctor va revisar si tengo daños en el cráneo, espero que no sea muy grave, ya hay demasiada gente loca en este mundo – dijo riendóse y se fue.

Me pareció muy extraño que aquella niña se acercara de ese modo a mí, no traté de entender su historia, porque de hecho me pareció algo fantasiosa, quizá su accidente necesitaba de algo que llamara más la atención de la gente para que ella se sintiera tranquilia… talvez como yo, pensé, prefiere vivir en un mundo alterno en el que nada es real pero parece serlo y en el que la vida suele ser mas interesante que en el de esta mierda que si es real…
Después de pensar un momento en el reciente acontecimiento, decidí entrar al consultorio, no sabía la hora pero tenía la esperanza de que el médico pudiera atenderme de una vez y así ir a comer un sandwich. Cuando intenté ponerme de pie sentí algo extraño en la cabeza… ¿era otro mareo? ¿A qué jodidos se debe esto?, pensé. Cuando por fin me encontraba de pie, sentí como todo daba vueltas, ahí estaba de nuevo… entrando a lo desconocido, preguntándome una y otra vez ¿Por qué? No, no lo entiendo…



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