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viernes, 8 de junio de 2012

Hasta la mente



Estaba en el quinto piso de mi mente cuando llegaste y tuve que bajar para abrirte. Me causó gran fatiga bajar las escaleras porque hacía tiempo que nadie llamaba a la puerta para visitarme. Cuando por fin llegué y te vi afuera, no pude evitar sonreír, tenía tiempo sin verte y que vinieras por iniciativa propia significaba mucho para mí. Decidí dejarte pasar. Fue enredoso el camino por toda mi anatomía, tardamos mucho en llegar hasta la cabeza.
     Ya a punto de llegar, decidimos hacer una pausa; estábamos cansados así que lo mejor era detenernos un momento. Nos sentamos en los pulmones, mi respiración estaba agitada, falta de condición física, tú apenas y habías sentido el viaje; aunque estabas agotado, sé que hubieras podido seguir la ruta con apenas unas gotas de sudor en tu frente: eres fuerte, yo no, hacía tiempo que había dejado los ejercicios matutinos que en un tiempo fueron rutina y en ese momento veía las consecuencias.
-           
       - Será algo complicado llevarte a donde me encontraba cuando llegaste – te dije mientras recuperaba la respiración, los pulmones seguían exaltados.
-         - Eso creo, no está tan lejos, pero hace un buen tiempo que no estamos ahí.
-     - Exactamente, algo debió ocurrir cuando te fuiste aquella vez, el laberinto presente en mi cuerpo creo nuevos muros, se ha reforzado y créeme que hasta a mí me ha resultado difícil memorizarlo.
-       - No te preocupes, se hará lo que se pueda – dijiste con tono de consuelo y colocaste tu brazo derecho en mi hombro, algo raro debí sentir pero no recuerdo qué.

Permanecimos así durante un largo rato, como recordando el por qué de estar ahí, el por qué de estar así. De pronto sentí unas ganas desesperadas por caminar otra vez, me puse de pie y te insinué que hicieras lo mismo, captaste el mensaje y te paraste. Jalé tu brazo para que siguiéramos caminando pero tú no lo hiciste.

-        -  ¿Qué sucede? – te pregunté.
-        - Nada, sólo que de repente sentí que esto no estaba pasando.
-        - ¿Por qué?
-        - No te preocupes, sé que es real, ¿podemos ir a otro lado antes de llegar hasta tu mente?
-        - Claro, ¿A dónde? ¿por qué?
-        - Creo que es algo que debemos hacer, tenemos que llevar un registro hasta tu memoria. Quiero que sea algo que no se nos olvide jamás, algo que nos compruebe que hice bien al regresar – dijiste, y yo experimenté cierta confusión.
-        - Vamos – terminé por decir, aunque aún no comprendía nada.

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