¿De quién es la culpa?
De nadie es la culpa. Tal vez sólo mía. O quizá no.
Pienso en la fortuna de otros y en la desgracia de muchos. Luego me
detengo, porque no sé realmente a qué grupo pertenezco. Hasta cierto punto, no
pertenezco a ninguno.
Sabemos que todo viene desde hace siglos, que todo es, como a los teóricos
les encanta afirmar, una construcción, una mera y… (no, no podemos decir que
simple) y acordad construcción. Preceptos hasta “cómo caminar”, roles,
estereotipos, papeles, ideales, y sí, etcétera etcétera.
Si es tan fácil darse cuenta de que todo lo que nos da forma como
sociedad, de que todo lo que “nos forma” es tal construcción, ¿por qué no es
sencillo derribarla, destruirla, exterminarla?... y el eterno anhelo de acabar
con todo ello permanece a pesar de su imposibilidad.
¿De quién es la culpa?, es obvio que este mundo no es ni fue así por
naturaleza. Y claro… también es obvio que no basta con rebelarse a todo, con
cuestionarlo. No basta con alzar la voz, ni siquiera con estar conscientes de
la mierda en la que a diario nos desenvolvemos. No basta, ni siquiera alcanza a
ser la respuesta. No basta nada, ni fingir, ni ignorar, ni pretender que todo
es bello.
Alguien, ¿algunos?, estuvo detrás de esto. ¿De quién es la culpa?, ¿quién
tomó las decisiones, ¿quién asignó los papeles? ¡Quién, maldita sea!, ¿quién se
cedió a sí mismo el poder de domarlo todo?
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