Estaba en el quinto
piso de mi mente cuando llegaste y tuve que bajar para abrirte. Me causó gran
fatiga bajar las escaleras porque hacía tiempo que nadie llamaba a la puerta
para visitarme. Cuando por fin llegué y te vi afuera, no pude evitar sonreír,
tenía tiempo sin verte y que vinieras por iniciativa propia significaba mucho
para mí. Decidí dejarte pasar. Fue enredoso el camino por toda mi anatomía,
tardamos mucho en llegar hasta la cabeza.
Ya a punto de llegar,
decidimos hacer una pausa; estábamos cansados así que lo mejor era detenernos
un momento. Nos sentamos en los pulmones, mi respiración estaba agitada, falta
de condición física, tú apenas y habías sentido el viaje; aunque estabas
agotado, sé que hubieras podido seguir la ruta con apenas unas gotas de sudor
en tu frente: eres fuerte, yo no, hacía tiempo que había dejado los ejercicios
matutinos que en un tiempo fueron rutina y en ese momento veía las
consecuencias.
-
- Será
algo complicado llevarte a donde me encontraba cuando llegaste – te dije
mientras recuperaba la respiración, los pulmones seguían exaltados.
- - Eso
creo, no está tan lejos, pero hace un buen tiempo que no estamos ahí.
- - Exactamente,
algo debió ocurrir cuando te fuiste aquella vez, el laberinto presente en mi
cuerpo creo nuevos muros, se ha reforzado y créeme que hasta a mí me ha
resultado difícil memorizarlo.
- -
No
te preocupes, se hará lo que se pueda – dijiste con tono de consuelo y
colocaste tu brazo derecho en mi hombro, algo raro debí sentir pero no recuerdo
qué.
Permanecimos así
durante un largo rato, como recordando el por qué de estar ahí, el por qué de
estar así. De pronto sentí unas ganas desesperadas por caminar otra vez, me
puse de pie y te insinué que hicieras lo mismo, captaste el mensaje y te
paraste. Jalé tu brazo para que siguiéramos caminando pero tú no lo hiciste.
- -
¿Qué
sucede? – te pregunté.
- - Nada,
sólo que de repente sentí que esto no estaba pasando.
- -
¿Por
qué?
- - No
te preocupes, sé que es real, ¿podemos ir a otro lado antes de llegar hasta tu
mente?
- -
Claro,
¿A dónde? ¿por qué?
- -
Creo
que es algo que debemos hacer, tenemos que llevar un registro hasta tu memoria.
Quiero que sea algo que no se nos olvide jamás, algo que nos compruebe que hice
bien al regresar – dijiste, y yo experimenté cierta confusión.
- - Vamos
– terminé por decir, aunque aún no comprendía nada.





