Esta noche soñé con tus brazos
y el tibio calor de tu pecho.
Soñé que mis manos tocaban tu rostro
y que tus ojos me veían como antes:
esa tierna mirada que bastaba
para comprender tu silencio.
Esta noche soñé que volvías
tú, y no era yo quien hablaba.
Tu dedo índice en los labios
me rogaba silencio,
nos invadía un natural abrazo
permitiendo el reconocimiento.
Soñé, entre otras cosas,
que todo volvía a su lugar
- lo que se supone, es su lugar.
La vida real era una pesadilla
y yo elegía estar dormida.
Estar dormida y soñarte
de tal manera
que no me pesara más:
mirarte.
Luz
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