Este México triste *
Y en punto de las doce
de la noche, sonaba en la radio el Himno Nacional de los Estados Unidos
Mexicanos, después de anunciar el supuesto triunfo – en las elecciones nacionales
– del partido que durante setenta años mantuvo
a México por los suelos, o por debajo. Y en la tele se veía cómo la cara
sonriente del candidato inspiraba alegría a la multitud simpatizante. Y la
gente lo alababa, y le gritaba “¡Presidente, presidente!”… ingenua, casi
estúpidamente. Y las partes contrarias permanecían tranquilas ante un “ganador”,
ya asignado desde el inicio de la campaña.
Y ese
himno, como todos los días a la media noche, sonaba en la radio, pero ahora distinto. Tristemente sonaba,
sonaba…
Y
se dijo que la gente coreaba el tradicional “Cielito lindo”, una burla, una vil
blasfemia para el pueblo mexicano, el que mantiene la economía, el que sigue
trabajando y al que esta “democracia” no beneficia nunca. Y los hubo
emocionados: “¡Ganamos, sí se pudo, Enrique Peña Nieto presidente!”; mientras
nuestro cansado México sollozaba, mientras solloza.
El
himno, ese símbolo patrio tan “añorado y apreciado” por los mexicanos esta vez
sonaba apagado, irónicamente, ante el ridículo espectáculo ideado por los
medios televisivos, ante todas esas hipócritas caras sonrientes.
Se
dice que los mexicanos somos muy “patrióticos”, pero ¿lo somos en verdad?
Porque si es así habría que revisar qué entendemos por patriotismo; en México
hasta la definición de bienestar está deteriorada. Me parece estúpido decir que
amamos nuestro país y permitir que sea gobernado por alguien tan incapaz – por un
títere solamente –, y me parece más estúpido decirlo y que muchos ignoren – o finjan
ignorar – el más que evidente fraude electoral.
Y
que estas elecciones habían sido las peores de la historia, decían: sí, tal
vez, pero había un candidato en el cual algunos depositábamos nuestra confianza.
Candidato al que los medios de comunicación masiva han estado atacando desde
siempre, quien adquirió una pésima reputación ante gran parte de la población
gracias a ello. Cierto es que el fraude electoral, como sucedió también seis
años antes, fue en su contra. Los mexicanos que teníamos esperanzas para el
sexenio que comienza, terminamos decepcionados. Daba vergüenza mostrar nuestros
pulgares marcados con tinta indeleble: “no lo logramos, perdimos… otra vez hubo
mano negra”.
Es
triste ver volver a la dictadura de los setenta años, parece que nuestra nación
no tiene memoria. La dictadura que provocó las peores crisis en la historia del
país, una devaluación realmente aberrante en la moneda nacional. La dictadura
asesina, ladrona, corrupta y estúpida que dejó en ruina a miles – millones – de
mexicanos. Encabezada, claro, por el peor presidente de nuestra historia, detrás
del monigote “triunfador”.
Es
triste ver como los ciudadanos prefirieron apoyar al candidato que según los
estándares sociales es el más simpático; es triste ser testigo de que dichos
votos fueron comprados a precios hasta humillantes. Es peor saber que hay
fraude: que probablemente (que seguramente…) el resultado fue alterado. Es
triste ver que en nuestro país ni las revoluciones terminan con la corrupción.
Mejor
que nos lo digan abiertamente, que nos impongan su dictadura, que eliminen la
democracia, que nos hablen con la verdad, que nos digan que el que llegue al
mando será seleccionado por unos pocos, que dejen de burlarse y de gastar
dinero en campañas políticas, que nos eviten ir a la casilla…
O,
¿de algo sirve nuestro voto?
Luz
*Título inspirado en el libro y poema de Juan Bautista Villaseca: Este México triste.
La desgracia cicatriz que comienza a marcar su camino a la adultez. u.u Tristeza, decepción. Se siente rete harto feo perder tanto. Pero ese poquito de dignidad que nos quede, para ayudarnos unos a otros. O vamos a dejar que una pantalla nos condene a la cárcel de la auto-impotencia?
ResponderEliminarAsí es... y no, no lo vamos a permitir... creo y quiero pensar que algo hemos aprendido como pueblo durante estos años. Espero que derribemos esa pantalla.
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